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América Latina se convirtió en el terror de la indústria de comida chatarra

Señales de alerta, impuestos, orientaciones oficiales contra los ultra procesados: la región está al frente de una agenda política inédita que intenta frenar la epidemia de obesidad. Pero la reacción es fuerte

“¿No da orgullo? Cuando empecé a salir para hablar fue que me di cuenta de cuán grande era lo que estábamos haciendo”, dice Marcela Reyes, abriendo una sonrisa grande al final del enésimo debate de que participó desde que Chile se colocó en el mapa de la maldición de la industria de comida chatarra.

Y no entró solo: por lo menos Brasil, Perú, Uruguay y México integran o están cerca de integrar el grupo, por ahora selectísimo. Buenos tiempos en que la portada de la revista conservadora Veja, de Brasil, estampaba a Chile como la oveja blanca de América Latina. Ahora, la publicación de la editora Abril estaría obligada a poner un buen cordero sobre Argentina, y a dejar a los chilenos negritos como nosotros.

Negritos como el octógono que desde 2016 decora los paquetes de ultra procesados ​​vendidos en Chile con altos niveles de sal, grasa, azúcar y calorías. Cuanto peor la composición del producto, más sellos. Y menor es la oportunidad de venta.

Durante el Congreso Internacional de Nutrición, en Buenos Aires, Marcela, del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Chile, comparó el caso de su país a otros modelos existentes, todos voluntarios y con un enfoque positivo. Al final del debate, después de escuchar saludos de sus compatriotas, comenzaron las contestaciones: ¿por qué Chile va tan rápido? ¿Por qué no se adopta una postura más positiva y conciliadora? ¿Por qué tratar a la industria como enemiga?

Hay un conflicto intrínseco entre el intento de aumentar los beneficios y la necesidad de mejorar la salud pública. “Estoy de acuerdo con la idea de que las empresas pueden ser parte de la solución: su manera de ser parte de la solución es cumpliendo las leyes”, respondió Marcela Reyes.

Esta fue la tónica del congreso. Durante seis días, en Octubre del año pasado, los grandes investigadores de la nutrición se turnaron entre besos y murros a las iniciativas adoptadas por América Latina. “Ustedes tienen una gran población, son grandes países, y ellos quieren esos mercados. Brasil, en particular”, nos resumió Barry Popkin, profesor de Nutrición de la Universidad de Carolina del Norte. Él conoce de largo tiempo la América Latina.

Fue Popkin quien acuñó el concepto de “transición nutricional” para describir el cambio de patrón alimentario de los países hacia productos menos y menos sanos. Nuestra región está justamente en medio de ese camino. Pero algunos de los países tienen las más altas tasas de obesidad del mundo y los mayores niveles de consumo de gaseosas.

El investigador entiende que los gobiernos tienen cada vez más clara la necesidad de adoptar medidas regulatorias para cohibir el avance de la obesidad. Para él, la reformulación de productos propuesta como solución por la industria tiene un papel muy limitado.

Popkin trabaja en la evaluación del caso chileno. Y entiende que el país sudamericano puede ser el primero del mundo en conseguir frenar el problema. “Tenemos la necesidad de contar para las personas que la comida chatarra no es sana. Y el modelo chileno de alertas parece haber cambiado una conducta social en el país. Está funcionando mucho mejor que cualquier otro modelo.”

Marcela Reyes está de acuerdo. “Todavía comimos comida. Muchos de los discursos de los otros panelistas van en el sentido de que no podemos volver atrás: no vamos a volver a cocinar, no vamos a volver a comer en familia. Pero todavía comemos comida.”

Es imposible saber lo que se ha dado en todo el congreso, inmenso y con varios debates al mismo tiempo. Pero no fue difícil ver cuán lejos América Latina está molestando. Duplamente. La industria de chatarra, que no sólo estaba presente, como se sentaba al camarote, no escondió el desagrado. Y muchos investigadores también.

Nuestros países han hecho temblar el cabello porque pueden ser los primeros en encontrar un freno para la epidemia de obesidad. Hoy, el coche anda sin rumbo, a mil por hora, y nadie asume el mando.

Hay también un factor de incomodidad que fue quedando visible a medida que los debates se desarrollaban en el hotel Sheraton, en el centro de la capital porteña: la jerarquía. Normalmente, las soluciones se transponen o se imponen desde el Norte hacia el Sur. De los ricos a los pobres. No fueron pocas las mesas de debates en que hombres blancos de países ricos presentaban soluciones para los negros y los indígenas de África y América Latina. Esto no es ilegítimo, pero cuando el desequilibrio de representación queda claro, da que pensar.

Lo que toda esta tendencia reciente hace es recorrer el camino opuesto, desde el Sur hacia el Norte.

“Ahora los países latinoamericanos tienen la oportunidad de estar al frente de las soluciones. No son soluciones tecnológicas. La tendencia es que las soluciones para enfermedades crónicas sean soluciones creativas, que demandan ingeniosidad “, dice Simón Barquera, del Instituto Nacional de Salud Pública de México. Él fue una de las figuras destacadas en la creación de un impuesto sobre las bebidas azucaradas, otra iniciativa bajo ataques durante el congreso.

Juan Rivera, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición y también integrante del instituto, salió en defensa de la decisión mexicana. “Todas las evidencias científicas nos llevaban al modelo de la tasación”, contó durante una conferencia. La propuesta ya estaba preparada hacía algún tiempo, y la oportunidad política se presentó cuando el gobierno tenía problemas de caja. “La tasación está funcionando y es algo que debemos usar contra los intentos de la industria de prohibirla”. El modelo ya cruzó el Río Grande y se está adoptando en ciudades de Estados Unidos.

Alejandro Calvillo, de la ONG El Poder del Consumidor, también fundamental en la adopción del impuesto, evalúa que esa vanguardia latinoamericana puede ser una herencia de los movimientos de la sociedad fortalecidos en la década pasada. “Tenemos una actuación fuerte de la sociedad civil y de la academia, con cohesión frente al poder de las corporaciones.”

Es difícil demarcar un comienzo de esa trayectoria regional. Pero podríamos escoger el final de la década pasada, cuando el profesor Carlos Monteiro, de la Facultad de Salud Pública de la USP, acuñó el término “ultra procesados”. Él propuso una nueva división, llamada NOVA, que separa los alimentos entre in natura o mínimamente procesados, procesados ​​y ultra procesados ​​- además de ingredientes culinarios.

Puede sonar extraño, pero es fácil entender, si nos permiten una presentación medio simplificada. In natura es lo que la gente siempre comió: legumbres, frutas, verduras. Procesados ​​son lo que la gente siempre comió, pero con alguna transformación para aumentar la durabilidad y la seguridad: arroz, frijoles, harinas, quesos. Y los ultra procesados ​​son lo que su bisabuela no entendería como alimento.

El paradigma anterior se calcaba en la pirámide alimentaria, dividida en varios grupos: carnes, carbohidratos, quesos, aceites. Y por ahí va. Desde el punto de vista de un lego, era complicado entender cuánto comer de cada grupo y lo que exactamente hacía mal.

Cuando se piensa en los ultra procesados, sin embargo, la cosa cambia de figura. El hecho es que, desde el punto de vista de orientación, las evidencias son que eso funciona. Hay cada vez más documentos y políticas públicas hablando en ultra procesados. El PubMed, una de las principales bases de datos de la producción científica, registra 70 artículos con ese término en 2017, contra 40 el 2016 y apenas seis en 2009. En el Congreso de Nutrición, hubo 15 charlas o trabajos con ese tema.

Y también hubo trabajos contra ese tema. Un debate promovido por la Asociación Argentina de Tecnólogos Alimentarios atacó directamente la investigación de Monteiro. Los presentes exhortaron a las agencias de la ONU a encontrar un camino para frenar la agenda regulatoria de América Latina.

“Una fuerte tendencia a regular la ingestión de nutrientes a través del etiquetado frontal se está expandiendo por los países latinoamericanos”, advirtió Susana Socolovsky, presidenta de la entidad argentina, hablando en una “demonización injustificada” de los alimentos industrializados. Susana ha rodado la zona en el intento de evitar la adopción de medidas regulatorias. “Las autoridades sanitarias de los países latinoamericanos están usando el controvertido sistema de clasificación de alimentos NUEVA y el modelo de perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de Salud (OPAS).”

El segmento de la comunidad científica más simpático al sector privado no usa el término ultra procesados, salvo cuando es para atacarlo. Se sigue utilizando la pirámide alimentaria, que también continúa como base para la actuación de las empresas.

Cuando comenzamos una investigación más profunda sobre la comunidad científica de la nutrición, en Abril, vimos que había una fuerte oposición de segmentos de la academia brasileña al término ultra procesados. Con el tiempo, notamos que era una oposición articulada con grupos de otros países. El discurso está bien afinado.

Y se volvió más intenso en 2014, con la publicación de la Guía Alimentaria para la Población Brasileña. El documento del Ministerio de la Salud fue elaborado por el grupo de Monteiro y adoptó la clasificación por grado de procesamiento, con una recomendación expresa de que se evite el consumo de ultra procesados. “La industria fue el único sector de que no pudimos aprovechar las sugerencias en la consulta pública. Porque sugirieron cosas que eran incompatibles con los principios de la Guía”, dijo el profesor de la USP.

Carlos Gonzales-Fisher, de la Universidad de Buenos Aires, participó en la elaboración de un informe para la FAO sobre guías alimenticias. Después de Brasil, Uruguay adoptó el mismo principio en la elaboración de directrices oficiales. Otros países intentaron seguir esa ruta, pero la presión del sector privado no lo permitió.

El concepto de ultra procesados ​​fue importante para que el 2016 la Organización Panamericana de Salud (OPS) lanzara un nuevo modelo de perfil nutricional, creado especialmente para basar la adopción de políticas públicas que busquen restringir y desalentar el consumo de esos productos. El documento define los criterios para el exceso de azúcar, sal y grasas. Y actúa sobre productos, y no sobre la dieta de un día entero – casi nadie hace una cuenta al final del día para saber cuánto comió.

2014-08-21 100 anos de Feira Livre em São Paulo. Foto Cesar Ogata / SECOM

La orientación de la OPS es la base para un decreto que Uruguay puede lanzar este año. El país camina para adoptar un patrón de etiquetado semejante al chileno. Pero sufre intensa presión de la industria, como mostramos en La cizaña y el trigo, con amenazas de accionar al país en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Uno de los debates más interesantes del congreso en Buenos Aires reunió los modelos de etiquetado frontal existentes. Todos, voluntarios y basados ​​en mensajes positivos, a excepción de Chile, obligatorio y de mensaje negativo.

Los investigadores mostraron análisis científicos de cada caso. En Nueva Zelanda y en los países que adoptaron Choices, creado por Unilever, lo que la industria hizo fue colocar el sello sobre los productos con perfil nutricional mejor, lo que acabó por dirigir las opciones de compra a algunos de esos ítems.

Cliona Ni Mhurchu, de la Universidad de Auckland, dijo que hubo un pequeño impacto en la reformulación de productos, y limitado a algunos segmentos. “Vamos a ver en los próximos años cuál de los modelos tiene el mayor impacto en el comportamiento del consumidor. Pero también tenemos que mirar el impacto en el comportamiento de la industria, y es cierto que están reformulando.”

El caso más antiguo es el del Reino Unido, que en la década pasada adoptó un etiquetado frontal de adhesión voluntaria que proporciona información sobre calorías, sal, azúcar y grasa. Michael Rayner, de la Universidad de Oxford, afirmó que hoy está claro que ese no es el mejor sistema. Y complementó con la visión de que el modelo chileno es el que tiene mayor impacto sobre el consumidor, pero que aún no está claro si es lo que tiene mayor influencia sobre la salud.

“Como en América Latina estamos acostumbrados a copiar las cosas, nos miran un poco feo. ¿Por qué sienten el derecho a innovar?”, me dijo Marcela Reyes. “Yo, en esta experiencia, entendí bien el concepto de transnacionales. Son más grandes que las naciones. Cuando grandes corporaciones se ponen a discutir con países latinoamericanos se nota la diferencia de poder. Es mucho mayor que un país.”

En el Perú, se presentó al Congreso un proyecto de ley que puede desfigurar la Ley de Alimentación Saludable, sancionada en 2012. El texto prevé la edición de un decreto para crear el etiquetado frontal de alimentos, tema que se estaba discutiendo en el gobierno, con gran posibilidad de adopción del modelo chileno. El texto base ya estaba listo y a punto de ser publicado. Pero los parlamentarios podrían aprobar una nueva ley, creando un sello positivo, en el formato deseado por la industria.

A comienzos de Noviembre, algunos de los principales investigadores del área de nutrición enviaron al gobierno y al Legislativo peruano una carta exhortando a frenar la aprobación del proyecto, actualmente en la Comisión de Defensa del Consumidor. Afirman que el sistema defendido por la industria comprobadamente incentiva el consumo de alimentos con mayores niveles de sal, grasa, azúcar y calorías.

Y que las evidencias existentes hasta aquí han demostrado un buen funcionamiento del modelo chileno. “Como académicos especialistas en obesidad y diabetes, queremos dejar en claro que la ciencia es concluyente en el rol de la ‘comida y bebidas chatarra’, con alto contenido de calorías, azúcar,
sodio y grasas saturadas: Un consumo creciente de estos productos es la causa de obesidad y enfermedades asociadas.”

En Brasil, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) hizo hincapié en dejar claro que aún no se ha decidido por un modelo. En la visión de la Gerencia General de Alimentos, no hay evidencias científicas de que un sistema funcione mejor que el otro. Más al norte, Canadá no tuvo dudas. La discusión sobre el etiquetado frontal ya ha salido de la premisa de que los signos de advertencia como los chilenos son los mejores para proteger la salud de las personas. Sólo falta definir un símbolo, y las investigaciones en ese sentido ya se han concluido.

La Asociación Brasileña de la Industria de la Alimentación (Abia) y la Asociación Brasileña de la Industria de Refrigerantes y Bebidas no Alcohólicas (Abir) alegan que el sistema propuesto por la Alianza por la Alimentación Adecuada y Saludable con base en el modelo chileno provoca miedo y terror en la población.

Por la oposición que el debate despertó, da para ver que quien tiene miedo no son las personas.

Fotografia en destaque: Archivo Agencia Boliviana de Información.
Fotografia inferior: Cesar Ogata. Archivo de la Alcaldia de São Paulo.

 

 

 

O peso de comer mal e engordar: quem tem de pedir perdão?

A indústria alimentar atribui, via de regra, a má alimentação e a obesidade à “livre escolha” das pessoas; alguns países já mostram que não é bem assim 

Que sejamos perdoados pela nossa ignorância e por demorar tanto a agir. E que esse perdão venha, principalmente, pelas mãos das gerações futuras, já que as crianças e os adolescentes são as vítimas preferenciais de um algoz da saúde pública: a obesidade causada, em muito, por alimentos ultraprocessados. Um algoz que não vem sozinho. Traz “capangas” como consequências; as doenças crônicas não transmissíveis. Hipertensão, problemas cardíacos, diabetes e câncer. Só no Brasil, já são 8,4% os adolescentes obesos e 25,5% os com excesso de peso. O índice de meninos obesos entre 5 e 9 anos de idade é de assustadores 16,6%. Isso, porque os dados da última Pesquisa de Orçamentos Familiares nem são tão atuais (2008-2009).

Dentre outros males, uma questão é central nessa situação. Existe muito do que não sabemos a respeito da indústria alimentar. Vamos além: transborda a quantidade que as gigantes transnacionais acumulam de informações não reveladas, distorcidas em forma de “conhecimento” manipulado e divulgado como o suprassumo da “verdade científica” na América Latina. Mas até para os gigantes, a roda gira e o cenário vira. Ou começa a virar. Seja por aqui, seja do outro lado do Oceano Atlântico. Em Portugal, por exemplo, alguns tentáculos do enorme polvo já estão amarrados.

O aviso chegou assim, via Facebook: “Poderia ter sido interessante referir-se aos artigos científicos que expõem o comprometimento da Associação Portuguesa dos Nutricionistas (APN) com os patrocínios da indústria alimentar em eventos ditos científicos, que catalisaram, em Portugal, a constatação generalizada do problema, por meio de partilhas na Internet e posterior difusão midiática”. As palavras vinham do português David Millions à reportagem de O joio e o trigo. Tínhamos acabado de publicar uma entrevista com ele, que dirige o site Compreender Nutrição, uma fonte em potencial de argumentos e pesquisas científicas sobre nutrição e alimentação saudável

A entrevista é boa, mas poderia ser mais. Então, vamos tentar nos redimir. David sabia que a Ordem dos Nutricionistas de Portugal, organização ligada historicamente a APN, e responsável pela gestão dos conflitos de interesses nas relações ciência/indústria naquele país, foi alvo de pressão pública após as denúncias de patrocínios duvidosos aceitos pela associação, o que levou à admissão, por parte da presidente da Ordem, Alexandra Bento, de  que “um debate profícuo e isento só pode acontecer num ambiente sem patrocínios privados”, em contraste com as declarações da Associação Portuguesa dos Nutricionistas, que, pouco antes, rejeitava a ideia e afirmava não existir interferência das empresas na construção dos conteúdos científicos.

A associação, inclusive, realizou, em maio de 2017, o 16° Congresso de Nutrição e Alimentação, em que recebeu explícito patrocínio de megaempresas de “comida lixo”. Nestlé e Coca-Cola estavam entre os financiadores. Eram os mesmos mês e ano em que a Organização Mundial da Saúde (OMS) divulgava pesquisa apontando os adolescentes portugueses em quinto lugar entre os mais obesos da Europa, atrás apenas de Grécia, Macedônia, Eslovênia e Croácia.

Em 2016, outro estudo da OMS, o Health Behaviour in School-aged Children, já indicava que os jovens lusitanos tinham severas críticas à qualidade da alimentação das cantinas escolares. Os representantes da APN parecem não ter lido a pesquisa, visto que a associação admitiu até o McDonalds como patrocinador da 15ª edição do evento.

Com o debate público quanto às posições da associação, a Ordem dos Nutricionistas decidiu organizar um congresso que “não teve quaisquer patrocínios da indústria alimentar”, realizado nos dias 21 e 22 de novembro do ano passado, na cidade lusitana de Belém, onde foram reunidos, de acordo com Alexandra Bento, “grandes especialistas nacionais e internacionais”, muitos que “não falam em congressos que tenham marcas associadas”.

A presidente da Ordem, ou bastonária, como é denominada em solo português, vangloriou-se da articulação de um megaevento de nutrição livre de patrocínios da indústria e afirmou que o congresso foi o “primeiro em todo o mundo” (com uma só entidade nacional organizadora) a conseguir tal feito. “Participaram 500 pessoas, entre pesquisadores, médicos e nutricionistas nacionais e internacionais para debater questões como a saúde pública moderna, os conflitos entre a nutrição, a saúde e o setor alimentar, as atualidades em nutrição clínica, as reformas no Sistema Nacional de Saúde e os caminhos do mercado de trabalho da área”, garantiu. No entanto, Alexandra foi econômica nas palavras sobre o clamor popular e a pressão sofrida a partir de organizações da sociedade civil para que se chegasse a esse ponto.

A Ordem se viu obrigada a demonstrar que podia custear a organização, contando com o dinheiro das inscrições e uma verba própria. Não fez nada demais, na realidade. Afinal, a instituição existe por delegação de competências da Assembleia da República Portuguesa (o equivalente à Câmara dos Deputados por aqui) e para “auxiliar o Estado na definição das políticas alimentares”.

Contudo, apesar de aberto o importante precedente, ainda não existe por lá um código de conduta nacional dos nutricionistas que afaste a possibilidade de patrocínios das corporações de alimentos em outros eventos, como os organizados pela APN.

Avanços

Além dessa sinalização sobre os patrocínios, Portugal tem – desde 2016 – um imposto específico sobre as bebidas açucaradas. De acordo com pesquisas do Ministério da Saúde, a medida fez com que os portugueses ingerissem menos 4.225 mil de toneladas de açúcar no último ano em comparação aos 365 dias anteriores. Os primeiros resultados indicam que os cidadãos passaram a optar por itens menos adoçados na hora de matar a sede. Em 2017, o governo estimou arrecadar 80 milhões de euros com o tributo.

Recentemente, outra norma vetou a venda de salgados e doces nas cafeterias, lanchonetes e restaurantes do Serviço Nacional de Saúde Pública. As unidades de saúde do país têm junho deste ano como limite para aderir à regra, que visa à redução do consumo de sal, açúcar e gordura. Segundo o documento do Ministério da Saúde que balizou a condição, os contratos para a concessão de espaços destinados à alimentação nas unidades não podem nem mesmo estampar a publicidade de refrigerantes ou refeições rápidas, com destaque a hambúrgueres, cachorros-quentes, pizzas e lasanhas.

Fora isso, o país também caminhou para a regulação de um conjunto de alimentos prejudiciais à saúde presentes nas máquinas de vendas automatizadas disponíveis em hospitais e outras instituições de saúde, bem como reduziu as quantidades de açúcar distribuídas nos pacotinhos em estabelecimentos comerciais alimentícios.

É possível

Em território latino-americano, a sociedade civil se organiza para agir e debater. A discussão a respeito do conflito de interesses na ciência e na academia, recente nos países da região, passa a ser mais presente. Pesquisadores comprometidos com a saúde pública se posicionam e oferecem saídas. Aliás, já recebem ataques orquestrados por isso.

Quanto ao peso de comer mal, a população, de forma geral, não precisará pedir desculpas. Muito ao contrário. Ela não vai a julgamento. Quem deve se preocupar com a submissão ao juízo público são aqueles que têm voz amplificada e manobram a percepção popular a ponto de culpar exclusivamente os cidadãos pela alimentação ruim,  sem citar manipulações científicas e o bombardeio publicitário que interferem na tal “livre escolha”, ainda que cientes dos males que os ultraprocessados causam,. Executivos de alto escalão, políticos, influenciadores digitais, publicitários, cientistas e jornalistas terão do que se desculpar.

Claro que nem todos, mas os que não reconhecem ou não revelam os tentáculos que se estendem pelo mundo e empregam a força dos poderes políticos e econômicos para despejar venenos nos corpos de bilhões de pessoas, esses, sim, terão o que justificar.

Para lembrar 

Em 2012, no Rio de Janeiro, aconteceu  o World Nutrition – Rio 2012. O congresso contou com a participação de  duas mil pessoas e também não teve patrocínio privado, mas foi  realizado de forma mais ampla, envolvendo organizações nacionais e internacionais, casos da Associação Mundial de Nutrição em Saúde Pública e Associação Brasileira de Pós-Graduação em Saúde Coletiva, com o apoio do Ministério da Saúde, Organização Pan-Americana de Saúde e Organização Mundial de Saúde no Brasil.

Imagem 1: Google Imagens/livre reprodução

Imagem 2: Compreender Nutrição

Os alimentos ultraprocessados são os reis da confusão

Manipulação da ciência e visão simplista sobre efeitos benéficos de nutrientes levam o caos a algo que sempre pareceu muito simples: comer

É confuso, mesmo. Muito. Cada vez mais. O alimento-herói de hoje é o vilão de amanhã. Ou de hoje mesmo. Não tem mais brincadeira. E tem mais confusão. A atuação de interesses privados sobre a pesquisa científica em nutrição bagunçou o coreto. Ou o armário da cozinha. É bem verdade que essa confusão já vem de há décadas, mas a rapidez da internet, o aumento dos lucros graças a ingredientes milagrosos e a atuação de interesses privados conflitantes levaram ao caos total.

É normal que estejamos em dúvida. E fartos. O café já foi vilanizado e endeusado algumas vezes em nossos curtos tempos de vida. Os ovos. A farinha. O azeite. Isso ocorre porque surgem novas evidências, sim, mas também porque a indústria de alimentos não age em uníssono. Há pelo menos duas guerras. Uma, entre áreas diferentes do setor privado. As batalhas de informação servem para promover um produto e para demonizar o concorrente. Outra, dos ultraprocessados contra os sistemas de comida convencional.

Os pesquisadores mais afinados com as empresas apontam o dedo para blogueiros e jornalistas – que, de fato, têm responsabilidade devido à busca impensada por audiência e pela interpretação errada de resultados científicos. Mas, como gostam de dizer esses professores, é preciso olhar para os múltiplos fatores. E, se tivermos de escolher o fator central, os reis da confusão são os fabricantes de ultraprocessados, que usaram a ciência para manipular políticas públicas, ludibriar a comunidade de saúde e criar hábitos de consumo.

Pílulas capazes de substituir alimentos. Uma tigela de cereais industrializados que vale mais que a soma de frutas, legumes e carnes. Bolinhos que reúnem vitaminas, cálcio e ferro para um dia todo. O Danoninho que vale por um bifinho. Isso é o nosso passado? É o nosso presente: o apresentador e cozinheiro Rodrigo Hilbert conclui que não temos tempo de comer frutas e, por isso, devemos tomar um suplemento da Bayer.

Talvez alguns cientistas se incomodem agora porque antes a confusão estava mais organizada, com o perdão da contradição. Havia menos gente habilitada a pautar o debate público. E, também, as pessoas não estavam apavoradas com os rumos de nossa saúde. O crescimento dos níveis de obesidade faz com que se comece a procurar explicações. E aí a indústria entra para aumentar a confusão.

“O consumidor está desorientado. Ele recebe tantas informações que não tem clareza do que é certo e do que é errado”, queixa-se Luis Madi, presidente do Instituto Tecnológico de Alimentos (Ital).

A estatal paulista que trabalha em parceria com a indústria é um caso interessante. Quando da criação, há cinco décadas, fez o caminho de ida: ênfase na inovação tecnológica para criar alimentos cada vez mais distantes daquilo que conhecíamos como alimentos. Hoje, tomou o rumo da roça: industrializados que precisam se parecer mais e mais com o que encontramos na natureza.

O Ital lançou o site Alimentos Processados, uma resposta ao Guia Alimentar para a População Brasileira, de 2014, que recomenda evitar ultraprocessados. Para o instituto, essa nomenclatura não faz sentido. “Há uma animosidade muito grande que existe para com os alimentos industrializados. É algo ridículo. Não é justo. Mas tem gente ganhando dinheiro, tem gente dando palestra, tem gente produzindo livro. Quer dizer, é um negócio. E ser radical parece ser um bom negócio”, critica Madi.

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Na segunda metade do século passado, a indústria fez uma opção radical: formular alimentos a partir do zero, de elementos que já não tinham a aparência de comida. Isso levou também a uma aposta radical na ciência, que passou a separar tudo por nutrientes e micronutrientes. Foi o momento em que deixamos de entender por que o arroz com feijão era bom. A partir dali, era preciso combinar certo percentual de carboidratos com proteínas e lipídios, sem ignorar um bom balanço de ferro, cálcio e vitaminas. Cacete, esqueci das fibras! Comer virou assunto para especialistas.

Aliás, já que estamos falando de comida de verdade, você deve se lembrar que muitas pessoas de jaleco passaram a aparecer na TV dizendo que deveríamos comer no máximo duas conchas de arroz com uma de feijão. Claro. É isso que nos levou a 50% de brasileiros com sobrepeso. Como não notamos antes que era o canalha do arroz com feijão que estava nos levando para o buraco? Cortando nos dois, podemos guardar espaço na barriga para um chocolate, uma bolacha, uma guloseima qualquer que possa oferecer lucro a alguma corporação.

O isolamento de nutrientes e micronutrientes ignora uma questão muito básica: o corpo humano é um sistema para lá de complexo em que todos os elementos estão encadeados. Nós podemos estudar o efeito de uma certa substância sobre um certo órgão, mas isso nos fará perder de vista todos os outros efeitos.

“Se levar à última consequência, uma hora vai acreditar que comer bolacha Bono de morango vitaminada é mais saudável do que morango”, diz Rafael Claro, professor do Departamento de Nutrição da Federal de Minas Gerais. “Minha leitura de ciência diz que tudo o que não faz parte dos padrões de consumo tradicional e não faz parte do maior ensaio que a humanidade realizou, conhecido como evolução do ser humano, é que tem que se provar seguro. Nunca se soube tanto sobre nutrientes e nunca se teve tanta gente com tanto sobrepeso e obesidade. É uma lógica que dificulta o entendimento. E cria feudos.”

Tente entender

Você pode ir a um congresso de nutrição e tentar entender. Entrando em uma sala, verá evidências de que o excesso de ácido fólico na gestação é nocivo, mas também é bom. Na outra, verá que uma dieta rica em ômega 3 é a panaceia, mas ficará em dúvida sobre quais as melhores fontes e quanto nosso corpo consegue absorver de cada uma. Por fim, saberá que há uma infinidade de explicações para a obesidade que nada têm a ver com aquilo que entra por nossa boca. Está armada a confusão.

“O sistema está confuso e não chega no consumidor. E a informação não é gerenciada e equilibrada para buscar a verdade. Hoje você garimpa coisas dentro das publicações e a seu critério pode ir para o caminho A, B ou C”, diz Aldo Baccarin, que foi presidente do International Life Sciences Institute (ILSI), uma organização financiada pela indústria de alimentos há quatro décadas para produzir evidências científicas.

“Saudável é comer de tudo”, estampa a capa da revista Alimento e Equilíbrio, lançada no final do ano passado pelo Brafic, o Brazilian Food Information Council. Cogitou-se usar o selo do ILSI, mas depois se decidiu criar uma franquia brasileira do International Food Information Council (Ific), um think tank da indústria de alimentos que só da Coca-Cola recebeu US$ 2 milhões de 2010 a 2016.

O Brafic reúne, além do ILSI, a Associação Brasileira de Nutrologia, a Sociedade Brasileira de Ciência e Tecnologia de Alimentos, a Sociedade Brasileira de Alimentação e Nutrição e o Ital.

Durante o lançamento da revista, o CEO do Ific, Joseph Clayton, destacou que a entidade tem o dever de produzir conteúdo “alinhado” às empresas que o financiam. “Nós somos os únicos que podemos falar sobre isso de maneira bem-sucedida porque temos a habilidade de trazer junto acadêmicos e pesquisadores para nos ajudar a ter certeza de que nós temos o direito à ciência. É muito diferente de as empresas fazerem isso por si próprias.”

A revista é uma clara resposta à intensificação das evidências negativas contra a indústria. O material, de alta qualidade técnica e gráfica, martela a ideia de que se pode comer de tudo, sem nenhuma preocupação. E que basta ter equilíbrio, ou seja, se você engorda ou tem problemas de saúde, o desequilibrado é você. Exemplares foram distribuídos a todos os 2.500 profissionais da saúde que participaram de um evento recente em São Paulo.

“Engana-se quem acredita que uma comidinha caseira é sempre mais saudável do que o mesmo prato industrializado. Muitas vezes, a dona de casa cai em ciladas à beira do fogão”. Sal, gordura saturada e higiene são os principais deslizes, segundo a revista.

“É de amargar a história de eleger o açúcar como o arqui-inimigo da dieta saudável, e não o excesso dele ou de qualquer outro nutriente”, diz outra reportagem.

“Tomar água é a melhor escolha, mas isso não invalida outras opções, ficando de olho talvez na quantidade de açúcar indicada no rótulo —sucos, néctares, leite, refrigerantes, chás… Essa variedade é bastante favorável em casos que merecem cuidados redobrados. Boa parte das crianças, por exemplo, não tem o hábito de ingerir líquidos espontaneamente.”

Um levantamento divulgado no começo de 2017 pelo Ific dá números a algo óbvio: as empresas têm baixa efetividade ao aconselhar sobre nutrição. No topo da lista de credibilidade estão os profissionais de saúde. Logo, se um profissional leva às pessoas a mensagem de uma empresa, o caso está resolvido. Para a empresa. Para nós, está apenas se tornando mais complexo.

A mesma pesquisa mostra como é possível mudar os hábitos de consumo com rapidez. Em 2017, na comparação com o ano anterior, cresceu a percepção de que alimentação saudável é “a mistura correta de diferentes grupos de alimentos” e perdeu força o conceito de que se trata apenas de “ingerir alimentos naturais”. Ponto positivo para alguns pesquisadores e para os departamentos de marketing das corporações. Um indicativo de que encontraram o tom para forjar um novo consenso.

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Uma parte das empresas tenta usar a ciência para promover o glúten, enquanto outra busca evidências de que o glúten faz mal. O mesmo poderia ser dito da lactose, que chega a ter empresas que lucram em linhas com e sem lactose, mobilizando para isso evidências científicas contrárias.

Esse caso do leite é interessante porque, como há grupos em disputa, a confusão fica bem clarinha. A Associação Brasileira de Leite Longa Vida entregou durante o Congresso da Sociedade Brasileira de Alimentação e Nutrição (Sban), em agosto, um material que louva o leite. Entre outras coisas, diz que a partir de um ano, “se a criança não mamar mais no peito, dar leite de vaca reduziria o risco de alergia ao alimento”.

Semanas mais tarde, no Congresso da Associação Brasileira de Nutrologia, uma palestra dada por professoras que têm ligações com fabricantes de fórmulas infantis apresentou esses produtos como os melhores substitutos do leite materno, exibindo rótulos daqueles que supostamente têm melhor qualidade. E advertiu que o consumo de leite de vaca é um erro e tanto porque pode sobrecarregar os rins e causar obesidade. Mesmo adiante, na fase pré-escolar, há fórmulas com uma composição muito melhor e o leite de vaca continua representando um perigo. A última palestrante afirmou que a recomendação da Organização Mundial de Saúde (OMS) pelo aleitamento materno exclusivo até os seis meses precisa ser relativizada: tem de ser adaptada à realidade local e a cada criança.

Agora, coloque-se na condição do profissional de saúde que assistiu a essas duas palestras. Se no dia seguinte aparece alguém no consultório perguntando sobre a diferença entre leite de vaca e fórmula infantil, só te resta sentar e chorar. Ou agarrar-se com afinco a um dos lados da disputa. A mãe e o pai dessa criança, então, sairão do consultório totalmente perdidos.

O que quer que seja

Outro campo interessante para entender a confusão generalizada é a briga entre açúcar e adoçante. Um artigo recente revisou as conclusões sobre adoçantes. De 31 trabalhos publicados entre 1978 e 2014, quatro foram financiados por essa indústria. Três deles tiveram resultados favoráveis. O problema é que outros quatro foram financiados pela concorrente, a turminha do açúcar, e não é surpresa descobrir que todos apresentaram resultados desfavoráveis ao uso de adoçantes.

“Se você quiser provar o que quer que seja, encontra literatura para poder provar. Então, assim, o que é preciso? Que as pessoas tenham um senso crítico do que é verdade e do que é mito”, diz Silvia Cozzolino, professora da Faculdade de Ciências Farmacêuticas da USP e presidente do Conselho Regional de Nutricionistas da 3ª Região. “E isso é difícil. Geralmente, um recém-formado está com mil ideias na cabeça e qualquer pessoa que chegue e fale alguma coisa, ele não tem um filtro para poder dizer se é verdadeiro ou não.”

Em 2016, Cozzolino foi alvo de um abaixo-assinado depois de publicar um artigo sobre fast-food. O texto comparava uma refeição cotidiana em casa com as de lanchonetes, e concluía que não havia diferença substancial do ponto de vista nutricional.

O ponto de partida foi o Guia Alimentar. Ao analisar os cardápios das redes de fast-food, as autoras do trabalho incluíram na composição iogurtes e frutas, que obviamente não são a primeira escolha de quem vai a um restaurante desse tipo. “Essas comparações ilustram que o foco deveria ser colocado na qualidade nutricional, mais do que no local de alimentação”, conclui o artigo, assinado em parceria com duas profissionais da Equilibrium, uma consultoria da indústria de alimentos.

O trabalho foi financiado pelo McDonald’s. Cozzolino faz parte do Conselho Consultivo Global da empresa, composto por doze especialistas em nutrição. “Por que não ir? Eu penso que, se eu puder melhorar o produto que eles fazem, que seja em 5%, eu vou fazer algum bem para a humanidade. No meu pensamento foi isso. E foi exatamente isso que foi feito”, defende-se a professora, que também foi do comitê científico do Prêmio Pemberton, da Coca-Cola, entre outros.

Em junho de 2010 a Anvisa lançou uma resolução que previa limitar a publicidade de alimentos e bebidas com altos teores de sal, açúcar e gordura. As empresas encomendaram um parecer de Cozzolino que defende que o importante é estimular campanhas de educação alimentar e a redução gradual dos teores de ingredientes que possam causar mal à saúde. O documento também advoga que é a aproximação entre setor privado, governos e academia que encontrará soluções para o problema.

O texto é aberto com uma citação de Marion Nestle que aborda a relação entre indústria e setor público. É improvável que Nestle, professora da Universidade de Nova York e uma das grandes referências no estudo sobre o lobby da indústria de alimentos, concorde com um documento que defende a não regulação.

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Recentemente, Nestle publicou um artigo no qual explica a jovens cientistas por que considera um erro crucial aceitar recursos da indústria para financiar pesquisas. “Corremos o risco de entrar em conflito – influenciados a ser menos críticos ou a silenciar sobre problemas nutricionais relacionados a produtos do doador”, disse. Ela questionou a decisão da Sociedade Americana de Nutrição de emprestar sua marca a rótulos de ultraprocessados, que acabou por dar o selo positivo a um cereal com altíssimo teor de açúcar. “O que mais me preocupa é a falta de questionamento sobre a penetração da indústria em nossas sociedades e nossas pesquisas.”

Nos últimos meses, a indústria do açúcar brasileira impulsionou a campanha Doce Equilíbrio, que promove o ingrediente e levanta dúvidas sobre a segurança dos adoçantes. O projeto conta com a chancela de Daniel Magnoni, que se apresenta como integrante da Sociedade Brasileira de Cardiologia e adota o mote de que nenhum alimento é vilão: o que há é alimentação inadequada. No final de outubro, Magnoni esteve em audiência pública na Câmara dos Deputados para debater a adoção de um imposto sobre bebidas açucaradas. Ele se colocou contra a medida. E não respondeu quando a plateia perguntou se algum dos integrantes da mesa presta serviços ao setor privado.

Lados opostos

Cozzolino e Nestle ocupam lados opostos no debate. Nestle apoia o Guia Alimentar. Cozzolino mobilizou o CRN-3 contra o documento do Ministério da Saúde. A Sociedade Brasileira de Alimentação e Nutrição (Sban), da qual é parte, e que é parceira da Sociedade Americana de Nutrição, também.

A Sban lançou no YouTube um canal na linha da contenção de danos, no mesmo molde do congresso realizado em agosto de 2017 em São Paulo, com o mote “Mitos e fatos”. A Sban tem entre os mantenedores Nestlé, Danone, Unilever, Cargill e Coca-Cola, e constrói a relação com essas empresas pela emissão de pareceres técnicos para “auxiliar/influenciar” as atividades e pela realização de pesquisas acadêmicas.

Um dos últimos vídeos lançados pela organização, em junho, recebeu o nome “Mitos e fatos sobre o leite”, abordando justamente o segmento industrial que reagiu de maneira mais forte ao Guia e à necessidade de alertas sobre substâncias alergênicas nas embalagens. O material destaca que o líquido não só é totalmente seguro, mas altamente recomendado para uma vida saudável e para evitar várias doenças. Nas redes sociais, provocou uma enxurrada de comentários negativos.

A organização respondeu: “A Sban está a favor das empresas éticas, idôneas que levam qualidade e segurança alimentar a sério. Nós incentivamos empresas do setor alimentício a se aproximarem das entidades científicas, pois entendemos que este é o caminho para que profissionais sérios das áreas de saúde e alimentação possam se relacionar com os produtores do setor alimentício.”

O professor Renato Moreira Nunes, da Universidade Federal de Juiz de Fora, foi um dos que não se conformaram com o vídeo. “Não existe integridade científica onde existe conflito de interesse. Uma indústria de alimentos como Coca-Cola, Nestlé e afins jamais colocará seus lucros em segundo plano. Erra grandemente a Sban ao se associar a estes e perde toda credibilidade em suas ações”, escreveu.

A Sban também integra o esforço da Associação Brasileira da Indústria do Trigo para conter o crescimento das dietas sem glúten. A página “Glúten. Contém informação” opera sobre a dicotomia mitos vs. fatos, enaltecendo a importância dos pães e da farinha.

Durante o Congresso da Sban, a Piracanjuba promoveu uma palestra que promovia em simultâneo o leite integral e os leites sem lactose.

Confusão matinal

Quem tem mais de 30 anos deve se lembrar que “Danoninho vale por um bifinho”, uma construção imagética feita com farta ajuda de cientistas. Danoninho não vale por um bifinho, mas esse esforço foi tão bem-sucedido que só recentemente o produto teve de ser reformulado para melhorar a composição nutricional, retirando um pouco do açúcar. A imagem de saúde, porém, permanece fortemente associada.

Na década de 1990, Mauro Fisberg, professor da Escola Paulista de Medicina, e Silvia Cozzolino conduziram um estudo sobre deficiência de ferro na rede pública de ensino. Num dos testes, as crianças receberam o famoso “queijo petit suisse”, o que valeu em 1999 uma reportagem da revista Exame que constatou que “no grupo que recebeu o Danoninho a ocorrência de anemia foi bem menor”.

A palavra Danone aparece 74 vezes no currículo Lattes de Fisberg, que é da diretoria do Danone Institute International e do Yogurt in Nutrition, uma iniciativa da empresa para promover pesquisas científicas sobre os benefícios do produto, inclusive com bolsas de pesquisa de US$ 30 mil.

Em 2014 Fisberg lançou o livro Dia a dia com iogurte, pela Editora Abril e pela revista Saúde. “Ajuda a emagrecer, previne problemas no coração, fortalece os ossos e muito mais. Entenda por que virou o ingrediente mais badalado para a saúde.” O texto desfila uma série de motivos para consumir lácteos pelo menos três vezes por dia, incluindo a ideia de que quem consome mais iogurte é menos sedentário e consome menos álcool. É evidente que não é o iogurte que faz essa mágica: a pessoa tem hábitos mais saudáveis porque se preocupa mais com isso, e não porque consuma iogurte.

“Quando você pensa em obesidade, não deve se esquecer de todos os problemas, não menos graves, que costumam acompanhá-la, como a hipertensão, a resistência à insulina, o colesterol elevado… O consumo regular de iogurte parece interferir – para o seu bem – em tudo isso”, resume.

E critica o que chama de “modismos alimentares”: “Temos uma loucura coletiva que, na verdade, é uma ameaça à saúde do homem.”

De novo com apoio da Danone, em 2015 Fisberg e a revista Saúde! lançaram um especial sobre a alimentação das crianças e dos adolescentes, publicação que repetia 211 vezes a palavra iogurte ao longo de 23 páginas.

Quando procuramos o professor da Unifesp para uma entrevista, ele prontamente aceitou, mas deixou claro que não falaria sobre assuntos relacionados a empresas. “Eu trabalho como consultor de algumas indústrias. Não sou de uma indústria. Então, quem tem que defender ou atacar a indústria são eles mesmos. Eu não tenho nada a ver”, disse. “Eu sou tão claro e tão aberto. Em aula eu nunca coloquei um nome de produto. E eu não falo de um produto. Falo de vários produtos. As indústrias não entram na minha aula. Elas podem me ajudar. Podem pagar minha passagem, minha estadia. Mas o conteúdo é meu.”

Você pode encontrar um número grande de pesquisas científicas sobre a importância do café da manhã, no geral batendo no lugar comum de que essa é a refeição mais importante do dia. Não por coincidência, essas pesquisas floresceram no momento em que se queria inserir os cereais matinais em nossa alimentação. Portanto, não é difícil imaginar que esses trabalhos definam que o cereal deve constar de uma lista ideal de consumo para as primeiras horas do dia.

Historicamente, a indústria de alimentos advoga que seus produtos são indispensáveis para a vida moderna: podemos comê-los no carro, em frente à TV, no teclado do computador. Mas, no caso da café da manhã, pregam justamente o contrário, dizendo que é muito importante sentar-se à mesa, em família, e saborear o momento. O motivo é que muita gente “pula” o café da manhã, e não é surpresa notar que algumas dessas pesquisas criticam justamente esse hábito, afirmando que quem o faz está mais propenso a engordar porque tende a descer a piaba em alimentos calóricos ao longo do dia para compensar o prejuízo. A Revista Espanhola de Obesidade revisou essas pesquisas e disse que as conclusões são contraditórias e inconsistentes.

Em agosto de 2016, Fisberg esteve no Bem-Estar, da Globo, para falar sobre a importância do café da manhã. Precisarmos de especialistas para saber o que devemos fazer ao acordar diz bastante sobre o grau de confusão em que estamos metidos. O mesmo já havia ocorrido em 2011, justamente quando a Nestlé lançou a campanha “Café da manhã é + do que você imagina”, e também se deu várias vezes em reportagens na internet.

Na mesma época ele concluiu pesquisa que falava que muitas crianças não tomavam café da manhã por sono, preguiça, pressa ou falta de fome. O iogurte com cereais poderia resolver a questão.

Ele e Silvia Cozzolino eram a dupla científica da iniciativa mantida pela Nestlé no Brasil entre 2011 e 2013, e veiculada em nível global sempre no mesmo formato. Os dois se somavam a atrizes globais, sempre na condição de mães que se encontravam Brasil afora com outras mães, em geral blogueiras e professoras, para dizer que deveriam fazer toda a família dar importância ao café da manhã: as crianças ficam de bom humor e vão melhor na escola.

Algumas semanas antes de assistirmos a uma palestra de Fisberg patrocinada pela Piracanjuba em que uma de suas assistentes defendia o achocolatado, um grupo de cientistas brasileiros publicou um artigo na Public Health Nutrition revisando toda a evidência científica acumulada sobre a importância do fracionamento das refeições. Faz décadas que ouvimos que é preciso comer de três em três horas para evitar a obesidade. A conclusão desse grupo é de que não há comprovação científica da associação entre frequência de alimentação e peso, e que boa parte dos estudos nessa área padece de falhas sérias.

Durante a palestra, Fisberg afirmou que os brasileiros estão com o hábito de beliscar entre uma refeição e outra, motivo para a obesidade. Quando passamos a comer entre refeições, alguns de nós aumentamos o consumo de frutas. Mas a grande maioria apelou para salgadinhos, doces, biscoitos recheados, achocolatados e sucos com níveis obscenos de açúcar. Quem nos disse que poderíamos comê-los sem culpa foi a ciência. Quando nos demos conta, era tarde.

Foto em destaque: Tânia Rêgo. Agência Brasil